EL SANTUARIO DE LAS MARIPOSAS

A su edad se sentía libre y en ello radicaba su felicidad. No tomó la decisión hasta cumplidos los sesenta y uno. Completó sus estudios de coach y se prometió escribir un libro. Disfrutaba de las mañanas con sus amigas y pasaba los fines de semana…
CARTA A MIS NIETOS

Amados nietos:
Ahora que el pelo se pinta de grises y mi cuerpo se llama más viejo, aunque me rehúse a verlo así, he decido poner punto final a varios asuntos…
MUJERES MARCHAN DE CASA
…corredores desiertos.
Habitaciones vacías.
La madre se lleva las frazadas.
Los cubiertos de plata.
Los manteles de hilo.
Yo me llevo la seda púrpura en un cofre de oro…
UN ADORABLE EXTRAÑO
Apareció en el barrio unos dos años atrás. Al principio todos le teníamos miedo, pero con el tiempo nos fuimos acostumbrando a verlo sentado en algún zaguán o pidiendo comida en la fonda de la esquina. Dormía en la placita de la cortada en un banco destartalado…
THE END
Mi relación con Yotam fue desde siempre de atracción y simpatía mutua.
Era primo de mi primera esposa y dos de mis hijos coincidían en edad con sus entonces dos únicos hijos. Vivía lejos, en un asentamiento comunitario y muy exclusivo de la Galilea…
PALABRAS HUECAS
A Noé lo conocí en Cuernavaca en los bungalos de Don Iván, cuando yo trabajaba en Simuladores Mexicanos haciendo la parte de electrónica de un simulador de vuelo de helicóptero…
O DESTINO DE MERCEDES
Ninguém diria que um dia Udi e Mercedes viriam a se conhecer, se amar e se casar. O destino surpreende e tem seus meandros.
Pessoas tão diferentes! O denominador comum entre ambos…
Luna de miel
Gisela llegó a la oficina feliz y desplegó ante los ojos de sus compañeros de trabajo un mapa del mundo. Antes de decir buen día y de empezar a contar lo que se traía entre manos, señaló unas islitas diminutas al Este de esto y al Oeste de aquello y pronunció la palabra como si fuera un conjuro: “Seychelles»…
HISTORIA DE ALTO VUELO

Los desgarradores gritos hicieron temblar hasta la Tour Eiffel. Y los vecinos se arremolinaron frente al hotel a ver qué sucedía…
Nunca te cases enamorado
Cuando mi abuelo me pedía que lo acompañara al boliche veíamos a Giuseppe sentado, siempre en la misma mesa del rincón. Un mechón cano caía sobre su frente, cabizbajo, como si cargara medio mundo sobre sus hombros. En la mano izquierda, el vaso con un líquido transparente, pero no era agua lo que bebía…
