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Por Roberto Mitelpunkt

-Tengo una cita con la Licenciada Del Alba.

-¿Y usted quién es?

-Raimundo Cacheta.

-Bueno, espere, Isabel está ocupada.

-No puede estar ocupada porque a esta hora exactamente, tiene una reunión muy importante con un tal Raimundo Cacheta, que vengo a ser precisamente YO. 

Cacheta pronunció esta frase acompañándola de un recio golpe con el puño cerrado sobre el mostrador detrás del cual estaba sentada la recepcionista. La chica se levantó de un salto de su silla y corrió hacia las oficinas. Abrió la puerta del despacho de la subgerente de Relaciones Humanas haciendo sobresaltar a la misma y a la manicurista que le estaba haciendo las manos.

-Hay un tal Cacheta que dice que tiene una cita con vos…

-Si, que espere.

-Isabel, el tipo no parece muy dispuesto a esperar, dio un golpe sobre el mostrador.

-La otra mano – dijo la manicurista, impermeable al diálogo que se desarrollaba entre las dos mujeres.

-Andá y decíle que lo recibiré en diez minutos.

La recepcionista volvió a su puesto insultando en voz baja a su jefa.

-Dice la licenciada que lo recibirá en diez minutos.

Cacheta se levantó lentamente de la silla en la que había asentado su pesado cuerpo, abrió la puerta que separaba la recepción de las oficinas y caminando por el pasillo buscó el letrero Relaciones Humanas.  Abrió la puerta y parándose delante del escritorio detrás del cual estaban las dos mujeres se dirigió a la jefa:

-Soy Raimundo Cacheta, y usted me citó para las once de la mañana, yo llegué justo en ese horario pero me dicen que usted está ocupada. Y yo digo que si me citó a las once usted me tiene que recibir a las once – y mientras apoyaba sus pesadas manos en el escritorio, inclinó su cuerpo hasta quedar a poca distancia de la sorprendida mujer.

-Usted es un insolente -atinó a decir ella mientras empujaba su sillón de ejecutivo hacia atrás.

– ¡Y vos una engrupida!

– ¡Salga o llamo a Seguridad!

– ¿Y vos te crees que les tengo miedo a esos maricones?

En eso la manicura se paró, con la lima de uñas que tenía en su mano le apuntó al hombre a la cara y gritó:

– ¡Si no salís ya, te saco un ojo!

El hombre la miró con desprecio, dio media vuelta y salió mientras murmuraba:

-Tortilleras de mierda…

La licenciada volvió a su lugar respirando agitadamente, la manicura le tomó la mano y se dispuso a trabajar.

– ¿De dónde sacaste esos cojones, tía? 

– Hay nuevas leyes en este mundo.

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