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Por Nelson Gilboa

Suele suceder que, de la boca de Diana, salgan pensamientos a medias y se necesite una explicación posterior para entenderlos. Así comenzó la conversación, mientras mateábamos en el balcón de su casa.

-¿Y Marcelo… aceptamos los cambios, o asistimos al entierro sin flores?

-Compraré flores en la puerta del cementerio- dije, entre sorbo y sorbo, por ponerle humor a una pregunta que no entendía.

-No te hagas el gracioso- espetó, mientras le devolvía el mate vació. Y agregó otra pregunta ambigua. 

-¿Si bajé ya a mi celular las aplicaciones populares de video?- ante mi mirada opaca, carente de chispa, se apresuró a afirmar:

-Tenemos que estar preparados para lo que se nos viene. Porque en cualquier momento, el tren del progreso va a atropellar al que no esté actualizado- continué esperando sin entender, que me brindara alguna pista a las incógnitas que planteaba. Pero ahora, la contemplaba con una mirada solidaria… porque hacía rato que convalecía traumatizado, en el hospital de la existencia cotidiana.

-¿No ves cómo se maneja esta generación Zeta?– ahora si me pareció atisbar una luz. Se trataba de la invasión rusa a Ucrania o de la N.S.O israelí y su famoso Pegasus de espionaje, que todo lo puede.  Pero no estaba seguro y pregunté:

-¿De qué hablás Diana? ¿Qué, cual organización criminal pasé por alto sin advertir su presencia?- ella insistió sin darle cabida a mi buen humor sabatino:

-Nada de criminal, se trata de la generación llamada Zeta, los chicos que hoy andan hoy entre los seis y los veinticinco años.

-Ahhh… ¿te réferis a los milenios?-   exclamé aliviado, contento de entender algo.

-No, esos pueden ser tus hijos y los “Z” en cambio son tus nietos.

 -Entiendo- dije algo desanimado, mientras le devolvía el mate, porque era a los que menos conocía.

-¿Y qué pasa con esa gente menuda?- pregunté tratando de enfocarme en sus inquietudes.

-Te lo voy a resumir, como lo veo yo.  Y también sobre algo que leí: esta generación le está dando la espalda a los grandes de internet. Los “Zetas” ya no quieren esforzarse leyendo textos largos, para obtener información, los adquieren por intermedio de videos cortos, que alguien se los cuenta en plataformas cibernéticas, como Instagram, TikTok, YouTube y otras similares. Te das cuenta el potencial… Hay que estar preparado Marcelo, para mantenerse en la cresta de la ola.

-¿Y no hay algo malo en eso, Diana?  ¿Que ya no quieran aplicarse? ¿Que obtengan la información en escasos segundos, sin tener que leer muchas páginas y reflexionar, como nosotros lo hacíamos?

-Cierto, no todo es bueno. Pero ellos vinieron al mundo con celulares inteligentes en sus pulgares.  Y eso los hace distintos a las anteriores. Podemos tomar solo lo que nos sirve.

Saqué el celular del bolsillo y comprobé que tenía solo una aplicación de las que ella mencionaba. Concluí mis pensamientos en voz alta, reprimiendo mi conducta:

-Soy un pelotudo ortodoxo Diana, que se resiste a los cambios…

-No te culpes, no es todo color de rosa… Los chicos se han puesto perezosos, hablan rápido y casi no se les entiende, según los sociólogos es más fácil avanzar hacia una sociedad líquida que avanzar hacia una sociedad de reflexión y pensamiento, según ellos se está gestando el HomoVidens.

¿Te das cuenta? El pensar cansa, ver la imagen no. “Los chicos se quedan en el presente, no piensan en el futuro, parece que no les gusta lo que ven día a día, e intentan huir del mundo real.

-A mí tampoco me gusta lo que veo. ¿Será que, llegando a viejo, me estaré volviendo Zeta, Diana?-  ella no estaba de humor, e insistía en hacer un cambio de versión a mi mente oxidada.

-Espera porque hay más:  se han acostumbrado a que todo sea muy rápido” y en sus búsquedas de información suelen invertir unos pocos segundos en el contenido.

Según los sociólogos entramos en la era del carpe diem, donde solo queda divertirse hasta morir. Y esto también nos sirve, porque el tiempo se nos acaba y diversión nos falta.

-Cierto, los días se me antojan más cortos y los años se consumen día a día… un disparate. Ufff, hasta el mate sabe a virtual y se termina rápido.

-No te hagas el vivo Marcelo y escucha. La imagen es mucho más apasionada y es lo que necesitamos. Tenemos que sacar provecho de lo bueno, es el triunfo de la pasión sobre la razón. ¿Quién necesita tener razón a nuestra edad?  Pasión, eso sí nos hace falta.

Me dejó flipando unos minutos. Pensaba en el dilema de vivir apasionado, o con razón, pero sin pasión.

Diana insistía, sin darme lugar a llegar a una conclusión y me adelantó otra sinopsis: -Preparate por que ya se ven los brotes de la generación Alfa, pero esa la dejamos para otro día… no quiero aturdirte del todo.

En un impulso Zetista, dejé el mate a un costado y comencé a manipular el celular… me “fui directo al quiosco” y baje cinco aplicaciones gratis al toque. El viejo celular se asustó, tosió congestionado y casi no reconoció mi cara.

Solo habían transcurrido unos días desde la charla con Diana, cuando mi esposa en un arrebato de furia me sacudió la pasión que me invadía.

-Te pusiste estúpido, Marcelo… Déjá ese celular, te la pasas todo el día mirando videos y no pones atención a lo que te digo.

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