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Por Oscar Garza Villarreal

El hombre muere de frío, no de oscuridad

Miguel de Unamuno

Soñaba con un vendaval en el cual cientos de tecolotes batían las alas a favor del viento. Volaban en silencio, con la intención de llegar hasta ella y prenderla con las garras de sus talones. Se veía ya reflejada en aquel sinfín de ojos amarillos, cuando el contacto de su piel contra el fierro de la cabecera la despertó.

Se encontró descubierta y semidesnuda. Las cobijas se habían deslizado hasta caer al suelo y el rumor del silencio se colaba por una rendija en la ventana. El hombre que yacía a su lado, permanecía inmóvil, tan ausente como desde hacía un par de horas.

Bajó de la cama con cautela, se cubrió con un fino rebozo, y -grácil como era- avanzó casi flotando hasta la celosía con intención de cerrarla. Miró la noche a través del enrejado y fue a perderse lejos, más allá de la tapia y la ermita. Sin volverse, suspiró, y con el vapor de su aliento, le dijo al hombre sobre la cama: — Por la mañana, el suelo del camposanto estará duro, pero tendrás una hermosa tumba blanca.

Acerca del Autor

Oscar Garza-Villarreal

Oscar Alejandro Garza-Villarreal, nació en 1981 en Nuevo León, una región industrial ubicada en la Sierra Madre Oriental del noreste mexicano. Tras una infancia feliz, aunque complicada debido a diversas situaciones familiares, desde muy temprana edad se acerca a las artes, en especial a literatura. De ellas obtiene un importante medio de expresión y una estabilidad interior. Sin embargo no llegará a emprender una carrera en el mundo de las artes, sino que desoyendo el consejo de amigos y maestros, cursa estudios de medicina en la Universidad Autónoma de Nuevo León, de la cual también obtiene un titulo de especialista en el area de ginecologia y obstetricia. Al concluir sus estudios, labora por algunos años como médico rural así como en el ámbito privado de su ciudad natal. En el año dos mil dieciocho, persiguiendo un antiguo anhelo, emigró al estado de Israel , donde continuó su formación con estudios de posgrado en infertilidad y técnicas de reproducción asistida. Es ahí también donde conoce a su esposa vuelve a sus intereses artísticos, como la fotografía y el dibujo. En año dos mil diecinueve, buscando gente de habla hispana que compartiera su afición por la literatura, se acerca al Instituto Cervantes de Tel Aviv, donde tras cursar varios talleres de escritura, pasa a formar parte de la comunidad de autores del instituto. Desde el dos mil veintidós radica en la ciudad de Florencia, Italia, con su esposa,desde donde trabaja en su primera novela y continúa en contacto con la comunidad de escritores de Tel Aviv.
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