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Por Roberto Mitelpunkt

Hace un año ya.

Mi tristeza rescata de Neruda su Canción Desesperada:

Cementerio de besos, aún hay fuego en tus tumbas,

aún los racimos arden picoteados de pájaros….

Yo no me consuelo con decirte

afuera llueve, y yo lloro como un niño.

Al igual que Il Postino,

cuya metáfora del amor era el nombre de su amada, Beatrice Russo,

también tengo el tuyo Betty, Binele, como alegoría

de la pasión, del amor, del hogar.

Sos el piolín del barrilete que me ata a tierra,

la plomada que me hace estar derecho,

la hormiguita que me guarda en los inviernos.

Yo soy esa cigarra guitarreando los veranos,

Después iré a París o Atenas a cantar en el Olympus.

Para recordarte seguiré creando metáforas,

que den cuenta de tu metamorfosis.

Saldrás de mí a volar,

Y tus parabólicas alas de colores

te elevarán al cielo,

Y aunque me duela debo dejarte ir,

Aun a sabiendas que quedaré partido y desgarrado

Como dice el tango Solo, fané y descangayado.

Adios mi bien, mi amor.

El amor tiene un final de resignación

ante la partida a la que no puedo llamar muerte

ni puedo adjetivar definitiva.

Quien sabe, quizás exista ese otro más allá

que me permita alguna vez volver a tenerte mas acá, a mi lado.

Al decir de Yehuda Amijai:

Como los higos morirá en el otoño,

consumido y lleno de sí y dulce,

las hojas se secan sobre la tierra,

y las ramas desnudas ya indican

el lugar en el cual hay tiempo para todo.

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