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Por Daphna Kedar

Quisierais que os diga que lo siento por
no poder jactarme del número de nuestros muertos.
Hay solamente una docena, no más.
Por los miles de cohetes fracasados
lanzados al vacío en vano.
Por no lamentar que no asesinaran a los judíos
en sus hogares, templos y escuelas,
que el domo funcionó igual, a vuestro pesar,
que mi gente, abnegada a vuestros cohetes del mal,
durante décadas,
ya no son víctimas
del sesgo mundial.
Y -sin embargo- alego que
lo siento por los niños y las madres
que no pudieron montar al metro subterráneo de pavor,
los falsos túneles, lazos del terror,
por las fortunas que enviaron vuestros ricos hermanos, que,
en lugar de construiros escuelas y hospitales,
os ofrendaron una corona de misiles.

Acerca del Autor

Daphna Kedar Kelman

Acertijo Existencial – No tengo acento ni lengua "materna", si en inglés me hablas te diré que soy “nativa”, si en español: “natal”, si en hebreo, me dicen francesa, y al parlar castellano, la “erre” del carro, se la llevó el burro. Soy la nueva judía errante, la palabra es mi espada y el pluralismo mi emblema. ¿Quién soy? Soy un producto multicultural, multilingüe, interregional. Carreras tuve una tras otra, tantas, hasta que el terreno del circuito de pista quedó desgastado, baldío, bajo las firmes patadas de mis zapatillas maratónicas. Competía con y contra varones, mujeres, maestros, curas, monjas y rabinos, contra las religiones monoteístas y los vivos colores de estampas doradas, medio truncadas, de dioses paganos de cabeza elefantina y cuerpo humano. Me plantaron mis padres en tierras fértiles de otros países, cual semilla desconocida, con un nombre imposible de pronunciar en pagos latinos. Me transmitieron individualidad, fortaleza y mente crítica, hasta que me convertí en una sui generis, espécimen y muestra de singular índole. De tanto cuidarme en no dispersarme, de no arraizar en culturas ajenas, respondo hoy a seudónimos mil: el de mi niñez, el de mi país, el de mi pueblo, el de mi cuna, el de mi amado, el de mis hijos guerreros, el de mi madre, que en paz descanse. La filosofía de la existencia la conocía yo ya desde el vientre materno, la lógica occidental me abrazó con ganas, la intuición de mis antepasados nunca me abandonó. A veces, en mis sueños vienen a visitarme los masters, seres superiores que juegan al ajedrez con nuestras almas, me revelan sus secretos y se los llevan consigo nada más abrir los ojos por la mañana.
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