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Por Bella Clara Ventura

Abordamos el avión con destino a Bogotá. La salida, fue programada desde Cartagena, ciudad colonial reconocida mundialmente por su belleza e historia señorial. Asistimos al festival de cine. Cartagena, su sede, se viste de luces cada año con aromas primaverales para recibir a directores, productores y actores de fama nacional e internacional, así como películas de autor que refieren a mundos más íntimos. Sin ser un festival tan renombrado como el de Cannes o el de Berlín, ocupa un destacado lugar por tener un marco ideal para darle rienda suelta a la imaginación.  Con su flamante arquitectura nos conduce a tiempos del ayer que deslumbran en el hoy. La ciudad amurallada, anfitriona de secretos y maravillas, recibe a sus huéspedes con el colorido y el sabor que se le conoce al trópico y sus encantos, quedan resonando por muchos días en el alma de sus huéspedes luego de la despedida.

Aquel año de efervescencia no fue la excepción.  El inesperado incidente se fue un suceso que, tanto a mi primer marido como a mí, nos marcaría para siempre y nos daría el derecho a tener el cuarto hijo; un cantante de ópera concebido en las alturas, para darle a su tesitura el tono grueso y angelical que exhibe en los escenarios de muchas metrópolis.

“Recordar es vivir” dice el dicho, sin estar lejos de la verdad y ahora que narro el cuento, recuerdo cada detalle como si hubiese sido ayer. Nos chequearon como se suele hacer y abordamos el avión sin ningún tipo de tropiezo. El trayecto debía durar una hora, pero a los veinte minutos de vuelo se anunció por el parlante:

-Rogamos a los pasajeros guardar la calma, estamos frente a un secuestro aéreo.

De inmediato, el malhechor arrancó el micrófono a la azafata, quien ya en su voz dejaba filtrar cierto temor.

-Partida de huevones hijueputas, se la van a ver conmigo- vociferó sin control al blandir un arma ante los ojos de los pasajeros.

Se notaba que la azafata, aún en trance, buscaba tranquilizar al agresor.

-Por favor, joven, no se desespere.  Vamos a atender su llamado…

-Y que sea de inmediato sin demoras, quiero ir a Cuba. Y cargo un explosivo de alto calibre en el bolsillo, al menor descuido, volamos todos para la mierda. Les advierto esto no es una broma- gritaba como si estuviera bajo los efectos de alguna droga.

Más de un pasajero empezó a temblar, otros a rezar, uno que otro a darse a la risa nerviosa, mujeres a llorar y los más a vomitar en la bolsa prevista para tales accidentes.

-Tranquilícese, por favor. Ya el capitán le confirmó que va a seguir sus órdenes al pie de la letra- aseveró la auxiliar de cabina.

El delincuente, con el portavoz en la otra mano se dirigió a la parte trasera del avión.

-Oye, compa, está atento a las maniobras. Que para Cuba nos vamos a ver si por una buena vez por todas recibimos educación.

Mi esposo y yo, que estábamos en la hilera de un joven a nuestra derecha, vimos cómo bajó la cabeza.

-¿Será a él que se dirige?- le pregunté al oído a mi esposo.

Nervioso como estaba el papá de mis hijos, me mandó a callar con el dedo en la boca. Chut me dijo.

-No se hagan los que no entienden órdenes- magulló nuevamente con sus aires de pistolero en acción.

-Y tú, atrás, está atento, que al menor movimiento nos los echamos a toditos.

Se notaba que el muchacho en nuestra zona estaba inquieto. No nos quedó la menor duda de que las palabras iban dirigidas hacia él. Seguramente era su cómplice.

-Y más vale que atiendan nuestras órdenes, porque si no «aténgasen» a las consecuencias. No tenemos nada que perder, igual estamos en la mierda y en Cuba tendremos más oportunidades, ¿verdad compa?

Los ocupantes del avión estábamos bajo tensión. Yo sudaba frío y las piernas no cesaban de moverse en desorden. Las de Antonio hacían coreografía con las mías. Y el secuestrador, bien decidido a jugar con nuestras vidas si no le acataban sus disposiciones.

-Amor, dime que me vas a hacer el cuarto hijo- le murmuré ante el desespero de una muerte inminente.

-Ya te dije que no tendremos más hijos. Te di tres muchachos, cuando en realidad hice el primero para complacerte y siguieron los demás para rematar tus caprichos, pero no existe poder humano que te haga el cuarto.

-Entonces, nos vamos a morir- chillé.

Ante la amenaza respondió ciertamente confundido y temeroso.

-Bueno, ya deja de joder. Te haré otro hijo. Y ojalá salga la hija que tanto deseas- respondió como un autómata que le interesa salvar su pellejo.

Una lágrima perlaba su mejilla y yo me mordía los labios para no estallar en llanto.

Bajo esta promesa me tranquilicé. Me puse a orar, mientras Antonio observaba atentamente a los pasajeros con sus miedos. Un hombre a la vista se estaba despidiendo de manera obscena de mujeres al desnudo en una revista de Playboy que llevaba.

-Adiós, mamacitas- les decía mientras les imprimía besos en los senos y en los traseros.

Divertido, Antonio, nunca pensó que saldríamos bien librados de este drama, que canas me sacó.

Diez meses después nació mi cuarto varón, luego de una larga negociación que duró todo un día, antes de consumar el acto de procreación.

-Pero juras y perjuras que es la última exigencia que me haces, así tengas otro macho y nos hagan otro secuestro- agregó no sin cierta ironía.

Con papel en mano firmé esta última sentencia y pude agradecer algo que jamás esperé: un secuestro para conseguir mi cuarto hijo.

Como decía mi abuela sabia: “De lo malo siempre sale lo bueno”.

Acerca del Autor

Bella Clara Ventura

De padre sudafricano y madre mexicana, Bella Clara nació en el mes de las cometas en Bogotá-Colombia. Con sus poesías y novelas traducidas a diversos idiomas ha conquistado a críticos, escritores e intelectuales, mereciendo múltiples premios y reconocimientos por su carisma y su talento como escritora. Incluida en antologías y colaboradora de varios libros de cuentos ha participado en numerosos encuentros literarios en USA, Suecia, Francia, México, Argentina, Uruguay, Chile, Perú, Ecuador, España, Puerto Rico, México, India, Hungría y Taiwán, entre otros. En 2008 fue elegida como una de las 50 mujeres más importantes de la cultura en Colombia, por la Universidad Santo Tomás de Bogotá. Recibe el Doctorado Honoris Causa de la World Academy of Culture and Arts (USA-2011). En el año 2019 obtuvo un premio por su poema sobre la compasión en Bhubaneswar– India y en diciembre 2021 es reconocida por el Comité Ejecutivo de Peace-Pax como su embajadora, por su obra literaria dedicada a la promoción de la paz en el mundo.Vive actualmente en Israel.
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