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Por Nelson Gilboa

El paradigma de ayer advertía:

«El tiempo transcurre en contra de nuestros propios intereses… hay que hacer algo».

Este fue cambiado por:

«Si somos lo suficientemente fuertes, vendrán solos a pactar con nosotros la paz. Dejemos el tiempo pasar, no hagamos nada, solo fortificarnos, es nuestra mejor arma, para normalizar el Medio Oriente… Sé irá acomodando a nuestro favor».

No es necesario pasar un terremoto para cambiar nuestra manera de pensar… pero ocurrió.

Nos miramos al espejo y nos preguntamos ¿cómo llegamos a esto, que nos pasó? No nos pasó nada, seguimos siendo los mismos, los que cambiaron fueron otros.

Se perfeccionaron, más jóvenes y violentos.

¿Y cómo salimos de la espiral ascendente de violencia y odio? Se habla de represalias, de cómo recuperar la “disuasión” perdida. Nadie habla de paz, hay 1400 razones para desplazar ese diálogo.

¿Y él después? ¿Qué dejaremos de herencia a los que vienen?

Hay que aprovechar lo que nos pasó para encarar soluciones políticas, pactar para hacer de este país, un lugar normal donde vivir.

La solución militar es incierta a largo plazo. Imperios caen a través del tiempo, nada es eterno.

“Netzah Israel no miente”.

Frase bíblica, que nos infunda valor, pero no es una póliza, que por sí sola, nos asegure la victoria. Se apoya en la inteligencia, valor y pragmatismo de sus conductores para tomar decisiones.

Si Israel no logra la paz, tampoco asegurará su existencia. Por más fuerte que se arme.

Siempre habrá una grieta donde poner un cartucho para dinamitarla.

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