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Por Nelson Gilboa

El tiempo es el recurso más valioso que una persona puede gastar

Theophrastus

No suelo llegar tarde a eventos o encuentros a los que planeo asistir, ya que siempre estoy controlando el tiempo, los minutos y los segundos, saliendo con tiempo extra para evitar cualquier contratiempo en el camino. Sin embargo, no solo los retrasos en el tráfico me exasperan, sino también cuando alguien llega tarde a una cita o cuando un evento comienza con retraso.

Experimento un malestar físico al darme cuenta de que no puedo hacer nada para aprovechar mi tiempo, y este sentimiento se ha intensificado con la edad. 

Por alguna razón, estoy constantemente controlando el reloj, minuto a minuto. Padecer de lo que llamo una «fobia relojera» se ha convertido en una parte de mi vida y un terapeuta avezado, como mi amigo Roberto, diagnosticaría: «Tienes un miedo irracional llamado cronofobia, que, en tu caso, por su intensidad y persistencia, se podría llamar crono-crónico».

Me pregunto: ¿Cuándo desarrollé este miedo irracional? No estoy seguro de cuáles fueron los motivos, si fue uno o más. Me situé en solo dos arrugas de mi espíritu que han dejado su marca, sin que me diera cuenta. La primera fue después de la guerra de Yom Kippur. Presencié cómo algunas parejas en el kibutz en el que residía se desmoronaban, con la excusa de que los hombres que habían luchado en la guerra querían ahora perseguir sus sueños. «¿Quién sabe si volveré o cómo volveré?», era la frase en sus labios. Con la mochila al hombro, desaparecían, dejando atrás a esposas e hijos.

La segunda experiencia es un recordatorio traumático y recurrente cada año, cuando siento el dolor por aquellos que cayeron en guerras y atentados. Para ellos, el tiempo se detuvo.  En Israel, al celebrar la independencia, el mismo día se pasa rápidamente del dolor a la euforia. Es una costumbre irracional, como un patrón que se repite en este país. Todos los procesos aquí son breves: cinco intentos electorales para formar un gobierno, revoluciones en el poder judicial, guerras que duran solo días, nuevas leyes fiscales municipales, aumentos en los precios y los intereses bancarios. Todo sucede en un lapso muy corto.

¿Qué nos espera en el próximo minuto en este país? Estoy tenso, esperando la próxima anomalía… Y me pregunto, queridos compatriotas: 

¿Soy el único en este país que sufre de crono-crónico?

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