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Por Mavira Gutt

Querida Amada:

Si recibes esta carta es porque al final he caído ensimismada en la telaraña multicolor de los “morfinómanos”. De tanto divagar, deambular, errar, vaga… y otros tantos “ar” que otros dirían sin morbo “alienar”, me sentí vacía. Una nube tan liviana que el viento redujo en olvido.

Aquella nube cargada de hadas, cupidos y unicornios voló por un cielo mitológico y platónico colmado de libertades, fantasías, experiencias y peligros excitantes. Y así, en medio de un trance hedonista, por arte de magia de espejismos oníricos aquel cielo se tornó en espejos lacerantes.

En verdad, Amada, tantas noches de vigilia martillando las neuronas para descubrir qué faltó para encantar a ese ser que ni al talón de Aquiles se le acerca; entender en qué detalle falté a la feminidad de Venus para no recibir una llamada melosa, un mensaje intrigante, una serenata desentonada o unas rosas insinuantes…

Confieso que la mente — educada para razonar y analizar— no me dejó seguir bailando al compás de una alegría superflua. Decidió rebelarse para ver las pobres féminas a través de los siglos en un chispazo cinematográfico. ¿Sabes querida Amada? He llegado a imaginar qué dirían las feministas si estuvieran aquí con nosotras. Que muy a pesar de su valiente revolución femenina pasamos de dotes, matrimonios arreglados, meros objetos reproductores a vendernos orgullosas en vitrinas digitales, a casarnos al estilo Las Vegas, a ser meros objetos sexuales.

¿Dónde quedaron los Beethoven, Napoleones, Cyranos y Nerudas? Si los mares han crecido tanto, tal vez nuestras lágrimas, nuestros lamentos y nuestros vacíos han llenado la cuota de agua salada en este Edén. Ahora, las musas se tienen que conformar con Malumas, Bad Bunnies y otros ilustres poetas líricos que tanto nos inspiran a buscar el idílico amor eterno. Jugamos con el dedo en un vaivén de izquierda a derecha escogiendo a múltiples sapos encantadores para quedarnos con el menos gordo, menos tonto, menos vano y menos humano para no terminar como almas solitarias. Esos espíritus inertes ya no van a citas de parejas, ni a fiestas ni mucho menos bodas porque son los señalados con una letra escarlata poco alentadora.

Sí Amada, al caer y seguir cayendo en espirales me desperté de golpe de aquel sueño “morfinómano” y vi que a mi alrededor no todo es color de rosa.

De la eufórica libertad del ciberespacio, me vi pasar del ser humano soñador en búsqueda de un amor especial a un robot jugando con el dedo al “sí y al no” a través de una pantalla.

Por mi parte, debo sincerarme… la escapatoria no es otra que amotinarse. Si he de convertirme en un alma antigua casi extinta en este mundo, buscaré adeptos que no quieran convertirse en átomos unidos por la necesidad anestesiados con modelos banales.

Querida Amada, si recibiste esta carta, anhelo, tal vez sea porque los titulares orwellianos, ambiguamente amarillistas, hayan cambiado de piel a ser “garcíamarqueños”, castamente humanos. 

Antes de despedirme, Amada, espero a estas alturas te sientas el ser más afortunado pues no solo llevas a cuestas aquel nombre tan soñado e incomprendido, sino que llevas contigo el estandarte de la resiliencia.

Con cariño,

tu hermana Esperanza

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