Un nuevo comienzo se saborea entre burbujas cítricas de champagne.

Lo sientes acercarse al contemplar las nubes a través de la ventanilla de un avión.

O cuando dejas atrás el uniforme color verde olivo para sustituirlo por una back pack cargada de futuras aventuras.

También puede llegar cuando un corazón roto, por fin, decide bloquear aquel número difícil de olvidar.

Un nuevo comienzo es escalar montañas, reír bajo la lluvia, soplar con ilusión las velas de cumpleaños, la firma en un papel o atreverse a escribir el trillado capítulo primero.

Porque un nuevo comienzo puede ser muchas cosas.

Es mirarte al espejo y decirle a la vida, con una sonrisa:

«Aquí voy de nuevo».

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