Por Nelson Gilboa
La Isla prometida
Capítulo 1 (introducción a un ensayo de humor político)
El primer ministro Cohen Eternity se despertó un miércoles cualquiera con una sensación incómoda: los dirigentes israelíes de diferentes partidos, habían bregado -cada uno a su manera- por la paz.
Habían negociado.
Habían firmado acuerdos.
Habían cedido territorios.
Habían construido muros.
Y derribado muros.
Habían enviado delegaciones, recibido mediadores, escuchado amenazas, promesas, condenas, resoluciones e informes extensos sobre la paz y como lograrla.
Todos los intentos habían fracasado. Y la amenaza de la guerra continuaba extendiéndose, proyectando su sombra cada vez más oscura sobre la región.
El pueblo exigía una solución.
Aquél miércoles entonces, Cohen convocó a plenario, a una sesión extraordinaria, con la esperanza de que alguno aportase una idea nueva (aunque no brote de su séquito exclusivo que habitaba en las alturas).
Después de doce horas de gritos e improperios entre las diferentes bancadas, un diputado de la oposición, de segunda línea llamado Aspie apodado -El Autista- por algunos miembros del gabinete, levantó su brazo izquierdo para pedir la palabra.
–Aspie era famoso por tres cosas:
No interrumpía a nadie.
Nunca levantaba la voz.
Y llevaba quince años ocupando una banca sin que la mayoría recordara exactamente de qué partido era.
Todos se volvieron para ver el milagro, cuando pronuncio:
—¿Y si nos mudamos?
Al principio nadie respondió.
Muchos rieron, principalmente de la bancada de la coalición.
Después alguien preguntó sarcástico:
—¿Mudarnos adónde? —Y se respondió con otra pregunta socarrona… ¿A Chipre?
—No —dijo Aspie—. Más lejos.
—¿A Europa?
Otro memorioso se unió —Ya se.
—¿A Argentina?
—Más lejos todavía.
—A un lugar donde no tengamos vecinos.
—¿A Marte?
—Risas entusiastas—.
—Al medio del Pacífico —respondió Aspi sin levantar la voz.
Y el primer ministro, agotado, se frotó la frente y murmuró:
Por primera vez en dos mil años, la idea absurda parece la más razonable. Y aprovechando la oportunidad agregó:
—Lamentablemente- tendremos que aplazar las elecciones, hasta terminar el proyecto.
El estupor cundió en la sala.
Los que reaccionaron preocupados fueron:
El ministro de Finanzas que pidió una calculadora.
El ministro de Defensa que pidió un mapa.
El ministro de Transporte que no sabía nadar.
El ministro de Religión, preguntó si trasladarían también los ruegos incrustados.
En cambio, la ministra de ciencias, veía un presupuesto colosal, flexible, flotando a la deriva para su cartera.
Nacía en la tierra prometida el proyecto más disparatado de la historia moderna:
-Israel buscaba en Marbnb un nuevo alojamiento.
No simbólicamente.
No espiritualmente.
Se mudaba con todos los bártulos.
Capítulo 2
Los más optimistas estimaban que llevaría por lo menos dos décadas construir la isla. Un lobista de la inmobiliaria, se apresuró asegurar que podía terminar mucho antes, si lo realizaba una empresa de Oriente.
—Es una excelente opción-se apresuró a afirmar el ministro sin cartera, mientras engullía la última *bureka que quedaba. Y con la boca llena, intento inclinar la balanza:
—Podemos contratar a la exitosa empresa Chanchuyo. para la construcción.
El opositor Honesti, se impuso levantando la voz para calmar el apetito…
—Son decisiones que corresponde tomar a una comisión de expertos.
La isla prometida del Pacífico, la nueva Patria que brindaría una plataforma “Pacifica”, crecía en los corazones del gobierno como la solución total.
Una vez aprobada la idea de mudarse, el gobierno creó la comisión más grande de la historia del país. Su nombre oficial era:
Comisión Nacional para el Diseño, Construcción, Flotación, Defensa, Irrigación, Desvío de Corrientes Marinas y explotación de Recursos.
El populo, acostumbrado a los acrónicos desde la colimba, despedía involuntariamente saliva alnombrarla.
Por eso, al tercer día, la prensa la bautizo «cariñosamente« como:
-La comisión del Corcho-que más tarde derivo solo en
-Chorchito-.
La primera reunión se realizó en Jerusalén, en una sala pequeña para tanta gente importante. Había ministros, generales, ingenieros navales, arquitectos, oceanógrafos, rabinos, ambientalistas, empresarios de la construcción, y expertos de toda clase.
Sobre la mesa colocaron un mapa del océano Pacífico.
El ministro de Aguas Profundas señaló una zona azul, inmensa, vacía.
—Aquí —dijo—. En el medio de la nada. Presento las coordenadas en aguas internacionales, sin vecinos cercanos.
Latitud- 6° 4’34» S
Longitud-116°23′ 6″ O
Un diputado preguntó:
—¿Y eso queda lejos de Irán?
El oceanógrafo respondió:
—Bastante.
—Entonces sirve.
El primer dilema presentado fue el tamaño. ¿Cuánta superficie debía tener la isla? Un técnico propuso algo razonable. Otro sugirió duplicarlo, para futuras generaciones. Un rabino exigió terreno para Templos y Yeshivot. Los laicos reclamaban playas de arenas blancas, El ejercito exigía bases, radares y puertos. Los jubilados exigían hospitales y lugares de recreo.
Los generales, Domini y Mato, terminaron le discusión afirmando:
— Conquistaremos lo que sea necesario—Y más también—afirmo el ministro Colonia Ancha.
Las demandas inflaban tanto la isla, quelos sarcásticoscomenzaron a llamarlael séptimo continente.
—No podemos construir una isla descomunaly esperar que flote —dijo un arquitecto tratando de imponer cordura
—¿Por qué no? —contestó Insulsi —. Si elocéano es inmenso.
Nadie respondió.Se quedó esperando la respuesta, que no llegó.
Después surgió el problema del fondo marino. Los oceanólogos explicaron que no se podía apoyar una isla sobre cualquier cosa. Había que estudiar, los materiales a emplear, las corrientes oceánicas,la profundidad, las placas tectónicas y la posibilidad de que el océano, con toda razón, no quisiera colaborar.
El miembro del gabinete, Insulsi seguía preguntando:
—¿Y si simplemente tiramos piedras hasta que aparezca tierra?
Ahora fue Delfino, el oceanógrafo, que lo miró con tristeza.
—Diputado, estamos hablando de miles de metros de profundidad.
—Entonces tiramos muchas piedras.
El proyecto empezó a tomar forma. La isla tendría una base de enormes plataformas ancladas al fondo marino, muros exteriores contra olas gigantes, rompeolas circulares y una red de compuertas para desviar corrientes. Los ingenieros hablaron de fondear cadenas en todas direcciones para que prosperaran los arrecifes de coral y sobre ellos hormigón especial, acero flexible, sensores sísmicos, turbinas marinas y sistemas de flotación.
El ministro de Finanzas palideció. Y vino en su ayuda el ecologista- Recicli Verdi–
—Hay mucha basura en el mar, que les parece si la juntamos, la compactamos y después laconvertimos en un gran polímero flexible. Y en caso de un sunami o tempestad, nos trasladaríamos momentáneamente a otras coordinadas, como si fuera una balsa más.
—¿Cuánto cuesta eso?
¿Construir sobre la basura?
—El proyecto nos saldría una ganga, incluso podría financiarlo todo el Banco Mundial por que salvamos el planeta. O pedir ayuda al Fondo Global, que prioriza en innovación y urgencia, proyectos con enfoque temático.
Aunque solo nos financien recoger la basura y compactarla…*dayeinu concluyo Verdi.
Los ministros, el de ciencias y el de aguas profundas, expresaron sus inquietudes:
—¿En esa plataforma se podrán construir rascacielos?
—Depende.
—¿Depende de qué?
—De si queremos que flote.
Hubo silencio.
—Sí —dijo el primer ministro—Preferiblemente que flote. Somos judíos, no Venecianos.
La parte más discutida fue la protección contra tsunamis. Un experto japonés -FujiTisuni-fue invitado por videoconferencia. Explicó, con enorme paciencia, que en el Pacífico podían formarse olas gigantes capaces de arrasar una isla entera.
Entonces Absurdi, funcionario israelí de alto rango, vio la oportunidad de intervenir…Propuso que las autovías en caso necesario se transformarían en tubos gigantes por los cuales se drenaría el agua, protegiendo a las construcciones de ser arrasadas, Los coches simplemente se evacuarían a tiempo, con ayuda de detectores acuáticos montados en delfines que rondarían la isla…
—¿Tubos gigantes, delfines? —murmuro incrédulo Fuji.
—Eso escapa a mi humilde sapiencia y pregunto … ¿Disculpen,no es mucha agua para encausarla en un tubo?
—Sí. Autovía como túneles en caso necesario-retruco Absurdi sin pestañar
La idea, de Absurdi, entusiasmó a muchos partidarios.
El ingeniero de origen neerlandés, -Van Valde- propuso algo más sofisticado: una serie de barreras flotantes que, al detectar una ola gigante, se elevarían automáticamente.
—¿Y si fallan? —preguntó la diputadaTimorati.
—Entonces rezaremos. – Afirmo el Rab Ora al Cuete y agrego:
—Para eso también necesitamos presupuesto.
La sección estaba por terminar, cuando los oceanógrafos advirtieron que: Una isla de semejante tamaño podía alterar el flujo natural de las aguas, afectar la fauna marina,sus rutas migratorias, temperaturas regionales. Si eso sucede nos llevaran a juicio los lobos progresistas.
Absurdi dijo:
—Bueno, desviamos las corrientes.
—No es tan simple —Le respondió la científica sefaradí -Mara Roja.
—En este país desviamos autopistas, presupuestos y conversaciones. Algo podremos hacer con el agua. — replico la ministra de transporte
El Proyecto fue adjudicado a la Startup, -Odisea Utopi- que propuso llamar al proyecto “Oceanus Nostro”
Alguien preguntó si el nombre no era demasiado sugestivo.
—Sugestivo sería llamarlo *Moises maque sheini —respondió el ingeniero jefe de agua pesada.
El debate continuo sobre el clima. La isla debía tener zonas agrícolas, reservas naturales, barrios, fábricas, centros de investigación, playas, plantas desalinizadoras, centrales solares y, por supuesto, sombra.
Los urbanistas propusieron dividir la isla en regiones: una zona tecnológica, una agrícola, una religiosa, una turística, una militar y una “zona de discusiones nacionales”, para que el resto del país pudiera vivir en paz mientras los políticos se insultaban a gusto.
—¿Y dónde construimos el parlamento-*Knesset? —preguntó alguien.
El ministro de Bien Estar Social-Cómodo-respondió:
—En una plataforma separada, con motor propio. Que se pueda desplazar a su antojo.
La propuesta recibió la primera ovación unánime de toda la historia parlamentaria.
El ministro Despistipregunto ¿porque tanto entusiasmo?
Alguien le soplo al oído —Por qué así podemos evadir fácilmente las manifestaciones de protesta.
El tema del fondo marítimo volvió a complicarlo todo. Los expertos explicaron que anclar la isla en esas coordenadas al lecho del océano requeriría perforaciones profundas, cables de tensión, bases gigantescas y robots submarinos.
-Aspi para poder intervenir, necesito mantener un largo rato el brazo en altohasta que al final le dieron la palabra:
-No entendieron.Lo vuelvo a repetir:
va a ser una balsa, no estará fija, elevaremos anclas cuando sea necesario…continuaremos siendo el judío errante,con valijas sin ruedas sí, peroconremos.
Un empresario de la construcción, que, hasta ese momento,permaneció callado, preguntó:
—¿Y quién controla las licitaciones?
La sala entera se volvió hacia él.
Ahí comprendieron que el verdadero peligro no eran los tsunamis, ni los volcanes submarinos, ni las corrientes del Pacífico.
El verdadero peligro eran los contratistas… Que comparten una madre en común con los jueces de futbol.
Para evitar la escalada de corrupción, se creó una subcomisión. Para controlar a la subcomisión, se creó otra. Para supervisar a la segunda, se nombró un comité especial. A la semana siguiente ya había quince organismos vigilándose entre sí, Y Todavía no habían colocado un solo mojón de plástico en el lugar donde se erigiría la isla.
Los medios empezaron a burlarse.
Un diario tituló:
“Israel abandona Medio Oriente, pero se lleva la burocracia.”
Otro fue más cruel:
“Nueva isla ya tiene comisiones, sobrecostos y peleas internas, pero todavía no existe.”
Mientras tanto, los vecinos observaban con desconcierto. Algunos no creían que Israel hablara en serio. Otros pensaban que era una trampa, escusa gubernamental, para no celebrar laselecciones parlamentarias.
Un Cabalista de renombre -El Cabezón- recomendaba, que la isla no fuera construida porque, aunque estuviera en el Pacífico aislada… Nos acusarían de distorsión de corrientes oceánicas, abortando los cultivos marítimos.
En la última reunión de la comisión, el ingeniero principal presentó la maqueta final. La isla tenía forma de Magüen David, rodeada por rompeolas, con puertos en cuatro direcciones, aeropuertos, barrios escalonados, canales interiores, parques, hospitales, centros de investigación, granjas verticales y una gran plaza central llamada Plaza de la Paciencia, donde se concentrarían las protestas.
Los ultras rojos y amarillos preguntaban ¿dónde construirán los estadios de futbol?
Los granjeros se oponían a transformarse en hidrofóbicos.
Los religiosos querían llevarse el Muro… Sino cumplían su exigencia no hay gobierno.
El primer ministro observó la maqueta durante un largo rato.
—¿Y esto puede construirse?
El ingeniero respiró hondo.
—Técnicamente, sí.
—¿Y políticamente?
El ingeniero miró a los ministros, a los diputados, a los rabinos, a los empresarios, a los militares, a los ambientalistas y a un señor que nadie sabía quién era.
—Políticamente —dijo—, es más fácil mover el océano.
Pero ya era tarde. La decisión estaba tomada.
Israel construiría una isla en el Pacífico…La nueva “Martria” estaba en camino.
Una isla contra tsunamis, contra misiles, contra corrientes marinas, contra volcanes submarinos y, en lo posible, contra sus propias discusiones.
El proyecto fue aprobado en tiempo récor.
Al día siguiente, miles de ciudadanos se despertaron en Tel Aviv para hacerse la única pregunta verdaderamente importante:
—¿Y allá va a haber buen café?
Fin del capítulo 2
Capítulo 3 Martria, 2040
Martria funcionaba, contra todo pronóstico.
No funcionaba perfectamente, desde luego. La perfección nunca había sido una virtud nacional. Pero flotaba, producía, exportaba, discutía y, lo más importante, seguía sin hundirse.
Prosperaba gracias a la inventiva colectiva de sus startups, aplicadas a sacar provecho de la energía marina, las algas, el reciclaje, los fósiles oceánicos y cualquier inconveniente que “pacíficamente” se presentara. Cada problema del océano se convertía en una aplicación, cada ola en una oportunidad de negocio, cada corriente marina en un proyecto innovador.
Las aplicaciones desarrolladas en Martria se propagaban sobre las olas por el resto del planeta. Algunas servían para medir mareas, otras para orientar rezos, Envíos fluviales de comida a los hogares Y la más exitosa, avisaba cuándo convenía introducir un deseo en *El Kotel oriental del malecón.
A esta altura hay que reconocer que no faltaban los superlativos… Hacen florecer el desierto. Y ahora deshidratan el océano.
En cambio, el contra, que siempre veía al*Rey en pelotas. Encaramado
en el paraninfo comunista de la insensatez atea,vociferaba a todo el que lo quisiera escuchar, que esto no era un milagro,sino simplemente el producto de invertir en desarrollo e investigación, el colosal presupuesto, que antes ingeríael ministerio de defensa.
Pero dejando atrás, estas menudencias de interpretación, narraremos un día cotidiano en la isla:
Los chicos iban a la escuela en canoa, chaleco salvavidas y mochila impermeable.
El transporte público se organizaba por los grandes canales que atravesaban la isla. Avenidas de góndolas, y taxis acuáticos, barcazas escolares y pequeños ferris municipales que llegaban tarde con la misma dignidad con que antes llegaban tarde los autobuses.
disminuyeron los accidentes de tráfico, aunque aumentaron las discusiones en los canales por violar derecho de preferencia.
Como el aeropuerto principal, no operaba los sábados, por caprichos divinos. Construyeron otroen una isla aparte. Pero con un gran Duty Free, Decisión cara que se tomó a regañadientes, después que una turba de Juliganes ateos, en señal de protesta, empezaron a patear los envases vacíos en los que descansaba la isla, amenazando a desintegrar, los cimientos del milagro.
Mientras la isla avanzaba viento en popa…La inflación navegante asfixiaba a los jubilados ya hambrientos, que deambulaban por la rambla con la caña de pescar al hombro.Casi siempre lo que enganchaban, era un envase vacío que constituía parte de cimiento de la isla. Y se quejaban de que el gobierno les cobrara impuestos por cada mojarra que lograran pescar.
—Antes, pescábamos Barguñas.
—Ahora pescamos el IVA —contestaba otro.
Los jóvenes también se quejaban. Según ellos, el Pacífico no tenía suficiente vida nocturna. bares, playas, música, festivales y atardeceres espectaculares proliferaban, pero faltaba “ambiente”. Además, la pista de baile se movía.No tenía gracia…Solo debías quedarte parado con tu pareja. y ya está.
Los religiosos, también se alzaron en protestas, se liberaron del cerdo, pero desde la profundidad del océano los acechaba el langostino…Nubes negrasamotinados en los canales,amenazaban con disolver el Parlamento si no se frenaba de inmediato el consumo, Además exigían la clausura de vías fluviales los fines de semana.
Algunas cosas como pueden ver, no habían cambiado en la isla.
El inconveniente más grande, se presentó en los templos, Que pudo resolverse sin rezos, pero con mucha imaginación “sin ánimo de lucro”:
como la isla se movía continuamente, la oración cotidiana sufrió un incremento sustancial de complejidad. El devoto no solo debía balancearse hacia adelante y hacia atrás en su vaivén habitual, sino también girar, corregir, recalcular y orientarse todo el tiempo hacia Jerusalén.
Una empresa soluciono el problema. Desarrolló una aplicación llamada -kisKush-, que indicaba en tiempo real la dirección exacta del rezo.
La aplicación era obligatoria y costosa, se comercializaba en tres versiones: Básica, Rabínica y Premium Mesiánica.
Nadie supo muy bien cómo, pero en aguas oscuras KisKush obtuvo el monopolio absoluto de la orientación espiritual digital.
El Ministerio de Religión negó cualquier irregularidad.
El Ministerio de Finanzas negó conocer el tema.
Y el dueño de KisKush, primo segundo de un viceministro, declaró que todo había sido “un milagro del mercado”.
Mientras tanto, los “gondoleros” aseguraban que antes, en Tel Aviv, el tráfico era mejor. Nadie les creía, pero ellos insistían.
—En Ayalón por lo menos uno sabía dónde estaba atascado —decían.
—Acá si te distraes, terminas en zona internacional.
También persistía un problema de disciplina pública: algunos gondoleros orinaban irrespetuosamente en los canales, contaminando el agua y la paciencia nacional.
Las autoridades anunciaron sanciones severas, multas ejemplares y campañas educativas. Como nadie se ocupó de hacer cumplir la ley, el problema pasó a integrar la larga lista de asuntos graves que el país resolvía declarando que estaba por resolverlos.
En cambio, Recicli Verdi subía peldaños internacionales
Se transformo en el influencer ecológico más citado, arengaba en congresos,y foros universitarios. En la apertura de cada discurso repetía, con emoción,conquistando a la audiencia:“la basura oceánica siempre tuvo vocación territorial”.
—Los envases no son basura —explicaba—. Era patria plastificada … Aplaudido y venerado, sus seguidores de las redes, aseguraban que Verdi era la rencarnación plastificada de Herzel.
Y con ojos encendidos de fe, salían de pegatinas por la ciudad con carteles de Verdi en la terraza, contemplando embelesado un embace vacíode Coca-Cola Cero, flotando en la bahía.
El Banco Mundial incluyó aMartriaen un folleto y siguió presumiendo el proyecto como un éxito ecológico.
Los países bajos, Y las islas del pacifico amenazados por el calentamiento global comenzaban a adoptar la isla flotante como una solución.
EL parlamento europeo fue más lejos. Construiría una isla para encausar las corrientes migratorias,que beneficiaba al auge de la extrema derecha.
Se podía decir, sin temor al narcisismo, que Martria no quedaba prendada de su reflejo en el océano, asumía su rol bíblicode “Olas para losgentiles”
En Martria, habíamos dicho, que todo marchaba razonablemente bien.
Había hospitales, escuelas, universidades, laboratorios, teatros, cafés, mercados, energía limpia, agua desalinizada, playas artificiales, canales navegables y una oposición política que acusaba al gobierno de no haber previsto suficientemente la nostalgia por tierra firme.
Se creó incluso un Ministerio de la Añoranza, encargado de atender a quienes extrañaban el olor de los pinos del Carmel, las piedras calientes de Jerusalén, el ruido del shuk, las bocinas de Tel Aviv y esa antigua sensación de vivir siempre a quince minutos de una crisis.
El ministro de integración, ofrecía terapia grupal, fotografías panorámicas y una sala especial donde se reproducían sonidos del viejo país: bocinas, vendedores gritando, helicópteros lejanos, discusiones de consorcio y una madre corriendo atrás de un chico con una banana:
—Los pacientes salían reanimados de aquellas cesiones…Pero no faltaba el contra que aseguraba que era onanismo nostálgico.
Mientras Martria discutía si el Jumus isleño era mejor que el Libanes, en la antigua Israel comenzaba el verdadero experimento histórico, en un país sin judíos.
Por primera vez, el mundo árabe, Europa, la ONU, los comentaristas de televisión y los profesores universitarios que explicaban Medio Oriente desde cafeterías lejanas escucharon exactamente lo que durante décadas habían exigido: Palestina free.
Israel hacía las valijas, elevaba anclas y salía esperando bajar de la pantalla internacional.
La repartición de los bienes abandonados quedó en manos de Jamás y Jamulo, que prometieron una distribución justa, revolucionaria y transparente, que se topó con algo inesperado…
Miles, millones de descendientes palestinos desplazados durante los enfrentamientos del cuarenta y ochocomenzaron a fluir desde los países vecinos desordenadamente,exigiendo tierras, viviendas, empleos e indemnización, por lo vivido en los países vecinos.
Exigencias que complicaron la transparencia, que duró solo doce minutos.
Los edificios frente al mar fueron asignados a los más fieles a la causa. Los hoteles pasaron a manos de dirigentes históricos. Las torres de oficinas se transformaron en, comités, oficinas de resistencia administrativa y residencias temporales para familias allegadas que, con el tiempo, se volvieron permanentes.
Las carteras de bienes públicos, transporte, agua, electricidad, salud y vivienda fueron ocupadas por hijos, sobrinos, primos, cuñados y amigos de infancia de los principales líderes.
Todo se hizo, naturalmente, en nombre del pueblo.
El nepotismo sembró la discordia en todos los campos. Primero hubo murmullos. Después discusiones acaloradas. Luego escaramuzas aisladas. Finalmente, batallas campales entre familias que se disputaban barrios, puertos, antenas, refinerías, túneles, depósitos de combustible y mansiones en Cesaria.
La Palestina “abandonada” se convirtió en un caos total, fruto de desavenencias y administración incompetente.
Faltaba electricidad.
Faltaban medicamentos.
Faltaba combustible.
En las universidades faltaban profesores y se estimulaba el adoctrinamiento.
Los jóvenes perdían oportunidades.
Las mujeres perdían libertades.
Los periodistas desaparecieron de la pantalla.
Los que preguntaban demasiado, eran acusados de “nostálgicos del enemigo”.
El colectivo progresista LGBT+ que antes se refugiaba en Tel Aviv quedo indefenso y perseguido, algunos precavidos remaron hasta la isla.
La comunidad internacional expreso su preocupación por la decisión unilateral de Israel de retirarse completamente de la zona de conflicto sin consultar previamente a quienes exigían que se retirara.
La ONU fue llamada a intervenir. Se preguntaba. ¿Cuál es la causa de la debacle?
Subieron al tapete algunas ideas originales:
-La salinidad ideológica del Mediterráneo.
-El calentamiento global
-La memoria sionistaen el cemento, de los rascacielos.
Pero ninguna recibía una aprobación unánime. Hasta que, en una sesión extraordinaria, alguien apunto con éxito al verdadero motivo:
—Colonialismo flotante.
La sala suspiró con alivio.
La ONU, especialista en diagnosticar siempre la misma enfermedad, dirigió sus flechas hacia la única excusa que todavía generaba consenso internacional…Martria.
La resolución fue redactada esa misma noche.
La comunidad internacional expreso que Israel,al retirarse en forma unilateral, sembró el caos, formando olas de emigrantes que emergían como un sunami desde el fondo del océano.
En la isla nadie entendia por qué la responsabilidad recaía sobre quienes se habían ido, dejando la cancha libre.
Pero en las altas esferas de diplomacia, la lógica suele ser un obstáculo menor.
La resolución fue aprobada por amplia mayoría:
Martria debía recibir a los palestinos que pedían asilo.
La vieja guardia israelí ya había pasado casi todos a mejor vida. Quedaba apenas un nonagenario, flaco como una antena y terco como frontera en conflicto, sentado en el muelle con su caña de pescar.
Oyó la noticia por la radio, escupió la cascara de una pepita de girasol, miró el océano y murmuró:
—Qué curioso… Cuando vivíamos juntos éramos sionistas. Ahora somos servicio de atención al cliente.
Y siguió pescando, porque a esa edad uno hace rato que entendió… “Que no puede desentenderse de la familia…Sin esperar pagar por las consecuencias”.
Fin
