Los jueves son, generalmente, días especiales, casi una rutina.

Mi amigo Salaj y yo nos reunimos en el porche de mi casa, frente a la frontera con el Líbano.

Todo listo.

El menú de hoy: pechugas de pollo al horno, camarones salteados, papas fritas, encurtidos, sendas cervezas y lo más importante, habanos.

Encendemos los cigarros y ya estamos preparados para la función vespertina que no se hizo esperar.

Bolas de fuego disparadas como luciérnagas turbo enloquecidas, furiosas, salen a cazar las avispas mortíferas que lanza el enemigo y no se detienen hasta interceptarlas. Son los proyectiles de la Cúpula de Hierro (KipatBarzel).

Lamentablemente, las avispas nunca se acaban, aún después de haber firmado un tratado de cese del fuego.

Como en el filme fantástico «La historia de nunca acabar».

Solo que ésta función vespertina… es real.

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