Mi casa no está vacía.

La quietud de las voces ausentes me abre las puertas y ventanas.

Escucho los trinos por la mañana en la cima de los árboles, como un coro que me invita a cantar, enriqueciendo mi vida.

No espero a la soledad, porque las voces ausentes, están presentes en mi cuando sueño,  entonces, retorno.

a la realidad del pasado. 

Solo están los que no saben soñar.

La luna me mira desde lejos, acompañada por las estrellas.

La soledad se sienta a mi lado, como una sombra dispuesta siempre a escuchar.

La vida me ha enseñado a no sentirme herido, sino tratando en mi fuero interno de acompañarla,por absurdo que parezca.

Podrán pensar que estoy solo, porque no saben de mi mundo interior, que crece y nunca me invita a mirar hacia atrás.

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