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Por Daphna Kedar

En una noche de verano caminamos juntos por la playa,
las manos entrelazadas, miradas cruzadas,
enamorados, paseamos al son de las olas.
En ese sendero de mutuo deseo,
dejé caer una zapatilla cenicienta,
y tú, príncipe azul, al agua te lanzaste para hallarla,
y yo tras de ti, en búsqueda del calzado y tuyo …
Pedí renovar mi cola de sirena marina,
no para salvar al náufrago ahogado,
sino para disfrutar a pleno del varón deseado.
Reímos y cantamos, palpamos y besamos,
los labios sellados, los ojos cerrados.
En una noche de verano bailamos al son del Mediterráneo.
Pasaron los años, hoy ambos casados,
tú con otra novia y yo con el príncipe del reino de al lado.
Dicen que el pase del tiempo, desvanece las palabras,
nubla el recuerdo, pero nunca se olvida lo que dos almas,
unidas y libres sintieron en una noche de verano.

Acerca del Autor

Daphna Kedar Kelman

Acertijo Existencial – No tengo acento ni lengua "materna", si en inglés me hablas te diré que soy “nativa”, si en español: “natal”, si en hebreo, me dicen francesa, y al parlar castellano, la “erre” del carro, se la llevó el burro. Soy la nueva judía errante, la palabra es mi espada y el pluralismo mi emblema. ¿Quién soy? Soy un producto multicultural, multilingüe, interregional. Carreras tuve una tras otra, tantas, hasta que el terreno del circuito de pista quedó desgastado, baldío, bajo las firmes patadas de mis zapatillas maratónicas. Competía con y contra varones, mujeres, maestros, curas, monjas y rabinos, contra las religiones monoteístas y los vivos colores de estampas doradas, medio truncadas, de dioses paganos de cabeza elefantina y cuerpo humano. Me plantaron mis padres en tierras fértiles de otros países, cual semilla desconocida, con un nombre imposible de pronunciar en pagos latinos. Me transmitieron individualidad, fortaleza y mente crítica, hasta que me convertí en una sui generis, espécimen y muestra de singular índole. De tanto cuidarme en no dispersarme, de no arraizar en culturas ajenas, respondo hoy a seudónimos mil: el de mi niñez, el de mi país, el de mi pueblo, el de mi cuna, el de mi amado, el de mis hijos guerreros, el de mi madre, que en paz descanse. La filosofía de la existencia la conocía yo ya desde el vientre materno, la lógica occidental me abrazó con ganas, la intuición de mis antepasados nunca me abandonó. A veces, en mis sueños vienen a visitarme los masters, seres superiores que juegan al ajedrez con nuestras almas, me revelan sus secretos y se los llevan consigo nada más abrir los ojos por la mañana.
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