Cuando no duermo

me transporto

con la mente a un lugar distinto

nuevo y feliz,

al que mi físico no sabe llegar todavía.

Cuando la mente vuela y vuela

se mezclan los recuerdos

de una canción casi olvidada,

de una promesa de futuro

donde podamos,

caminando o corriendo o viviendo,

conseguir el cielo con nuestras manos.

Cuando las ideas flotan

en un sueño ideal,

se acerca más a mí

aquello que la mente espera de mí:

aprender a hablar y decir lo que siento,

a mirar y ver lo que adivino,

a tocar y sentir lo que temo,

a probar y gustar de lo que rehúyo.

Cuando no duermo

y me transporto

puedo presentir que mañana

extenderé mis manos y mi mente

y alcanzaré mis fantasías…

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *