PROMESAS

En un lugar salpicado de azucenas, con un manantial de aguas límpidas, casi violetas,
donde peces naranjas se desplacen sinuosos entre perlas marinas que te ofrendaré…
construiremos una morada feliz -prometió mi amado-.
Mis ojos sonrieron.
– ¿Y un lugar así… existe? -dudé-.
-Mañana te lo mostraré –aseguró-.
Por la noche, plantó azucenas en flor en nuestro jardín. Echó piedras índigo y ostras verdaderas
al fondo de nuestro estanque y liberó en sus aguas carassius exóticos, casi fosforescentes.
