Una buena manera de pensar un cuento, novela u obra teatral es tener claro dónde sucederá. Me refiero a conocer perfectamente cuál será el ámbito en el que se desarrollará el conflicto. ¿Es un sitio tenebroso o soleado y primaveral? ¿Es un pequeño ambiente o la esquina ruidosa de una gran ciudad? ¿Un bosque tupido o la ladera gélida de un monte nevado? ¿Una oficina escueta atiborrada de papeles o una de dimensiones amplísimas en una torre lujosa?
Muchas veces un sitio determinado, será el gran disparador de lo que nos proponemos contar.
Los espacios que ideamos para situar a nuestros personajes pueden ser reales o ficticios. Si nos preguntamos cuál es la ciudad más famosa de la literatura universal, la increíble respuesta será… ¡Macondo! Gabriel García Márquez ideó un selvático lugar en el mundo donde podemos escapar y la magia es posible…
La película “La playa” protagonizada por el famoso actor Leonardo Di Caprio, transcurre en una isla paradisíaca en Tailandia escondida detrás de unos promontorios. Allí el autor idea una sociedad utópica que a pesar de las buenas intenciones del grupo inicial, se irá corrompiendo, se teñirá con luchas de poder, figuras dominantes, traiciones y engaños. A partir de la película, el sitio es visitado por miles de turistas que llegan para admirar la belleza natural que eligió un guionista para desarrollar una ficción.
Sugerencias: cuando un autor elige un ámbito para ubicar allí la acción de su narración, conviene que lo conozca perfectamente, con los cinco sentidos. No es suficiente con decidir por ejemplo: “transcurre en una playa”. ¿Tiene un muelle, rocas, lagunas calmas? ¿La arena es áspera o suave, blanca o marrón? ¿Hay una escollera, está poblada en verano, tiene gaviotas? ¿Hay pescadores a la vista, algún guardavidas, o es una playa desierta? ¿Se percibe algún olor, a pescado o algas? ¿Se escucha el rugir de los vientos marinos o el estruendo de las olas al romper?
En un predio de dos kilómetros en un sector de Tel Aviv hay cuatro playas, una al lado de la otra, que parecen similares: una concurrida por familias, otra en la que permiten mascotas, otra gay-friendly y la última con un faro y puerto de veleros.
De la observación de detalles que para otros pasan desapercibidos, se nutre un creador literario.