A raíz de un desafío literario que he lanzado durante la Pascua Judía, quince escritores latinos que residen en Israel, reflejaron por escrito lo que sintieron durante marzo y abril de 2026, en la guerra que trascendió con el nombre “Rugidos de León” y que al momento de editar los textos, aún no finalizó.

Fueron días de temor, encierro, incertidumbre y violencia, que interrumpieron la rutina de Israel frenando el turismo y también la posibilidad de salir al exterior, dejando atrapados a los ciudadanos en una nueva realidad repentina, tremenda y difícil de comprender. 

Con el aval de Einat Talmón -Directora de Cultura del Instituto Cervantes de Tel Aviv- hemos decidido batallar con las únicas armas que disponemos los escritores: palabras, descripciones, diálogos y figuras literarias.

Emulando la idea de la famosísima obra literaria El Decamerón, he planteado a los autores que se formaron conmigo en los talleres de escritura del Cervantes, diez consignas relacionada con la angustiante situación. Ellos debían responder con un micro-relato, un poema, una reflexión o un post para redes, con una extensión máxima de 200 palabras.

La propuesta recibió una respuesta entusiasta de los autores, que fueron describiendo sentimientos ambivalentes y anécdotas de una cotidianeidad tan difícil de entender como de explicar.

Los textos que resultaron son un espejo-literario de lo que sucedió, con ingredientes tales como ficción, imaginación, humor o rima: un registro poético de los días aciagos que nos tocó vivir en este pequeño y controvertido lugar en el mundo, un acto de resiliencia y por qué no, de readaptación terapéutica a través de la palabra.

Muy pronto, el libro que los reúne saldrá a la luz.                                                                                          

Andrea Bauab                                                                              

En palabras de Stephan Sweig:  «Si alguien no lo describe… ¿qué valdrá un hecho?»

«Un hecho histórico no halla su cumplimiento en la ejecución inmediata, sino en la circunstancia de ser transmitido al porvenir. Lo que se llama Historia no consiste en la suma de todos los hechos significativos que se han producido en el espacio y en el tiempo: la Historia del mundo sólo abarca el pequeño sector que la expedición poética o sabia logró iluminar. Nada sería Aquiles sin Homero, y toda figura es sombra y los hechos se disuelven como la onda líquida en el mar inmenso si no existe el cronista que los hace permanentes en su descripción o el artista que les da nueva forma».