A eso de las 13:00 horas, suena la alerta de advertencia y pienso que dispongo de unos ocho minutos para terminar el email que estoy escribiendo.
Escucho en las noticias, que estamos en el día 37 de la guerra.
La guerra es importante en este país. En otros, hay programas especiales durante las olimpiadas o en el mundial de fútbol, con comentaristas especializados en deporte.
En Israel, hay comentaristas de guerra que discuten acaloradamente.
Termino rápido mi email y bajo hasta el piso menos tres, justo cuando comienza la sirena. Hay mucha gente, también perros y varios niños que vienen con sus padres porque no hay escuelas y no tienen con quien quedarse en casa.
Muchos platican, unos trajeron su café, otros hacen dominadas en círculo con el balón de fútbol. Algunos bajan con su laptop para seguir trabajando.
Tenemos que esperar unos quince minutos en el bunker.
Tratamos de investigar si cayeron misiles o si fueron interceptados. De todas formas, debemos esperar varios minutos antes de salir, por la brutalidad de los fragmentos que pueden caer eventualmente. A las 13:21 llega el aviso de la Guardia Civil: ya podemos salir.
Regresamos todos al mismo tiempo a las oficinas. De tanto hacer esta rutina… ya la hacemos en piloto automático.
