A mi memoria regresas
con tu grandeza.
Huérfana de padre y madre
creciste al abrigo de tu primo Mordejai.
Aún no te sabías llamada
para liberar a tu pueblo.
Desde el Harén el Rey Ajashverosh
te concedió poderes.
Repudió a Vashti.
Rehusó mostrarse en desnudez.
Esther, te armaste de belleza y gracia.
Al Rey sedujiste con la mirada.
Digna de tu estirpe, mujer valiosa.
Se enredaron vuestros destinos
sin confesar que eras una esclava judía.
Astuta y decidida
imploraste por la suerte de tu pueblo.
El rey vencido ante tus encantos
complació tu deseo.
Corriste los velos de la historia.
Libraste de las garras de Haman,
enemigo de los judíos,
a los descendientes de Abraham.
Elegida por Hashem, cumpliste tu misión.
Desde entonces cada año
se celebra el sorteo: Purim.
Festejo que a los judíos compromete
en la recordación con alegría.
Oración, ayuno y plegarias
agradecen a Hashem por el milagro.
Esther, su bastión.
Origen llevado en el reconocimiento.
Los ancestros tejen estrellas.
David enlaza los eslabones del fruto
de tantos pasados.
Celebradas las victorias.
Como la de nuestra heroína,
alquimista del porvenir de un pueblo.
Aún ruge.
Defiende la existencia de su gente.
Aliento en alto
con la fuerza del león.
Sabe burlar la suerte.
Legado de Esther.
