​Seré sincera: en estos ocho años viviendo en Israel, al llegar la festividad de Purim, me concentraba en el hilo y la aguja para transformar telas de colores y texturas en disfraces para mis hijas y no había prestado la atención adecuada a la historia, todo su significado.

​¡Vaya, un mar de preguntas y pensamientos!

Comencemos con la reina Vasti y su cruel final, porque no hay nada más cruel que ser castigada por negarse a ser exhibida como un objeto y morir por tu valentía al rehusarte. Esto me pone a pensar en las mujeres persas que, en la actualidad, luchan por su vida y que anhelan un desenlace distinto. 

​Por otro lado, cómo la «falta de reverencia» pudo desatar la ira desmedida, dejando a la suerte la posible exterminación de un pueblo.

Y perdonen esta pregunta atrevida: ¿habrá pensado Mordejai en las consecuencias que acarrearían sus decisiones? Quizás sí, pero su confianza en los planes de Dios era mayor que su miedo. Y que ante los ojos del tirano el pueblo judío no se somete. 

En cuanto al ayuno, me parece un símbolo eterno de salvación y humildad; una prueba de que Dios escucha nuestro pedido de perdón a pesar de nuestra humanidad imperfecta.

¿Cuándo ocurrió realmente el milagro? ¿Fue en los sueños del rey tras el primer banquete de Ester? ¿Qué vio el rey en sus ojos o en su alma que lo impulsó a pedir los registros reales esa noche?

​Ester representa la realidad que viven los israelíes y judíos en la actualidad, al viajar o al vivir en “reinos” lejanos: ese instinto de esconder la estrella de David bajo la ropa o cambiar de idioma para no ser reconocidos. Pero si Ester —o Hadasa— pudo salvar a un pueblo entero, todos podemos seguir su ejemplo de valentía.

​Una última reflexión: ¿por qué comer la «oreja» de Amán? ¡Mejor su lengua impertinente!

Un comentario

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *