El mundo se tornó vertiginoso. La velocidad dificulta la concentración y genera impaciencia. Vivimos en el reino de la inmediatez, rodeados de timbres de mensajes y llamados que interrumpen cualquier actividad a cualquier hora del día. Es difícil esperar hasta el próximo capítulo de una serie y mucho más difícil terminar de leer el capítulo de un libro…
En este día en el que muchas personas queridas me desean «Hasta los 120 como de 20», yo quiero sugerirle a mi querida gente que escribe que cada 120 palabras introduzca una frase que genere intriga en el lector.
Para que su atención no se disperse. Para que -en el caso de ser interrumpido por un whatsup urgente- desee retomar cuanto antes la lectura.
Lo que yo llamo «frases-llave»: que abren la puerta a la curiosidad, al deseo de «quiero saber qué pasará», a la inquietud ¡por favor cuéntame!
Hace muchos años, un autor argentino muy intuitivo, introdujo en casi toda su obra enunciados constantes que atrapan la atención. Por ejemplo: así comienza Manuel Mujica Láinez su relato La máscara sin rostro:
«El coche de doña Leonor Montalvo entró en Buenos Aires con gran estrépito». Y unos renglones después… «de tanto en tanto, temerosa de que su ama se muriera…» Y enseguida: «El viaje desde San Isidro había sido terrible».
Su narrativa está salpicada de construcciones que generen el afán de seguir leyendo. A seguir el ejemplo de un grande como él entonces y… ¡hasta el próximo Tip!