Amado:
anhelo enviarte una carta de amor, pero en vista de que a ti te he escrito tantas y llenas de pasión, hoy deseo mandarle una a la Naturaleza: una verdadera misiva de entrega. Te invito a que lo hagamos juntos a dos voces y dos corazones. Se reforzará el mensaje que le debemos a nuestro planeta.
Reconocemos en nuestras charlas que es una morada de encantos y brillos donde nuestro nido de devoción toma su lugar. Conozco tu embeleso por el mar. Tiempo le dedicas cuando lo nadas y buceas sus joyas. Declaremos nuestro afecto a cada elemento de nuestro hábitat. Reguemos las plantas con palabras dulces. Hablemos de la tierra como nuestro granero. Reguemos de bendiciones sus frutos con el aplauso del paladar. Mencionemos con gusto sus animales, un tesoro que equilibra las especies. Rindamos tributo al sol y a luna como lo supieron hacer nuestros ancestros con sus ceremonias y sus leyes. Tomemos de los brazos a los árboles. Juguemos con las mascotas y reíamos con la música del viento. Albricias sentiremos con el canto de las montañas. Los ríos nos darán sus aguas, benditas las veremos en cada mirada. Gozaremos de todo componente que la Naturaleza nos ofrezca. Dadivosa en sus selvas produce fauna y flora de excepción.
Cómo no amarte, Naturaleza, si nos llenas el alma de bondades y nuestros pasos de tu belleza. Lo declaramos al unísono: te amamos Naturaleza y te deseamos larga vida sin el malestar que te causan ciertos hermanos. Aprenderán a respetarte y cuidarte como es debido. Un cambio de conciencia arriba con el amor universal, aquel que imploramos en nuestras oraciones y desde ya empezamos a ver cambios en la juventud. Amor y más amor te profesamos, amada hembra que sabe parir luz y esplendor. Con esta carta conjunta sellamos nuestro amor, nuestra admiración y la gratitud por ti. Te bridamos el polen de la ternura. Con amor y más amor… los esposos que veneran tu estampa.
