El primer párrafo de una historia, debe tener la cantidad de ingredientes necesarios para que el lector sienta la curiosidad y el impulso de seguir leyendo. Cuando escribimos las primeras frases de un cuento, novela o artículo, vale la pena preguntarnos si tiene la cuota de intriga suficiente y si alberga la esperanza de una buena historia detrás de ese suspiro inicial.

Si creemos que no… es el momento de re-pensar nuestro comienzo y elegir con paciencia y perseverancia una frase más prometedora, que dispare de inmediato en el lector preguntas (¿qué pasó allí? – ¿por qué?) y una certeza (¡quiero saberlo y me lo van a revelar!)

En ese primer renglón, sugiero introducir vocablos que impacten y remitan a cuestiones de fuerte impronta. Observen el comienzo de «El Amor en los Tiempos del Cólera» de Gabriel García Márquez:

«Era inevitable. El perfume de las almendras amargas le recordaba siempre el destino de los amores contrariados».

Observen las palabras que nuestro genio literario eligió:  inevitable – perfume – almendras amargas – destino – amores contrariados…. ¡cuántas promesas en un sólo renglón! Noten la fuerza que contiene la palabra «inevitable», presientan el cianuro de muerte escondido en las «almendras amargas», intenten adivinar que depara el destino a un «amor contrariado»… ¿Qué pasó allí? -es la pregunta que aflora de inmediato en el cerebro del lector- ¡quiero saber!

 

Que el 2026 comience rebién y sea un año de buenos comienzos. ¡Hasta el próximo tip!